CAPITULO 10: DISCRECIÓN | LINAJE OCULTO
CAPITULO 10
El silencio parecía cristalizarse a medida que el automóvil de Yesung avanzaba por las angostas calles, que ahora aparentaban ser interminables.
Afuera la vida seguía su curso natural con personas, en su mayoría coreanas, yendo y viniendo en todas las direcciones.
Adentro, Justine quería gritar de indignación.
Entendía que siempre causaba problemas, aunque ella no los buscase, pero no entendía por qué aquel sujeto se había comportado de aquella manera, como si ella fuese de su propiedad. Y, aunque reconocía que le había salvado el pellejo, no iba a decirlo en voz alta. No delante de él.
Y ahora estaba ahí sentada, sin poder alguno de decisión, y con el peso de saber que le debía un favor a aquel tipo insoportable. Johnny se le reiría.
—Quita esa cara.
La voz grave y tranquila del idol rompió de repente en estudiado y denso silencio que se había formado.
—Es la única que tengo.
Escuchó un suspiro contenido y sonrió para sus adentros. Al menos, no era la única que estaba de los pelos.
—De verdad pareces una niña cuando te comportas de esa manera.
—Tu no sabes nada mi, no veo el porqué tienes que opinar acerca de mi manera de actuar.
—¿De verdad nadie te enseñó buenos modales? ¿O es que en tu país no respetan a nadie?
Ella blanqueó los ojos, asegurándose de que Yesung la viera.
—Solo con aquellos que lo merecen.
Luego, giró la cabeza hacia la ventanilla, tratando de eludir por completo la mirada irritada y a la vez condescendiente de aquel hombre. No le gustaba para nada aquello y le urgía salir de allí.
Habían pasado un par de horas desde que ella había descubierto el set improvisado de filmación. Por lo que había escuchado se trataba de un video de música en el que el idol era el protagonista, ya que la canción le pertenecía.
Pero Justine estaba convencida de que habría evitado por todos los medios no haberse involucrado si hubiese sabido que se trataba de aquel sujeto irritante y desesperante.
De todos los lugares de Seúl, tenia que elegir ir al barrio donde ella ahora vivía. Aquel tipo era una plaga.
No lo entendía.
Se había comportado como un imbécil desde un principio, le había regalado una flor después de ser una molestia en el edificio de la SM, para terminar ahora salvándola de quien sabe qué desgracia. Pero en lugar de hacerlo de la manera más discreta, parecía estar regodeándose en su desesperación.
No sólo la ayudaba a salir de aprieto, sino que se ofreció en acercarla a su casa, a pesar de la mirad atónita de algunas de las personas del staff.
Podía escuchar su respiración acompasada, el tamborileo intermitente de sus dedos contra el volante, y el sutil ronroneo del motor de aquel automóvil, que gritaba lujo silencioso.
Sus sentidos parecían estar más crispados de lo habitual.
También se percató de que había inspirado el suficiente aire como para proferir alguna palabra, pero entonces pudo reconocer la zona del barrio, aledaña a su edificio de departamentos.
— Déjame aquí. — dijo de pronto, cortando lo que sea que haya querido decir Yesung.
— Dijiste que tu casa estaba por...
— Aquí está bien. — Volvió a interrumpirlo.
El auto detuvo su marcha y ella llevó su mano hacia la manija de la puerta, sintiendo una especie de mareo, producto de la propia tensión. Trató de mantener la compostura.
Paró en aquel momento, dubitativa. Oh, iba a hacerlo.
— Mira, Yesung. Sé que mi comportamiento es bastante discutible. También soy consciente de que te he tratado no de la manera más correcta posible. No quiero excusarme, pero no entiendo tu propia manera de proceder y eso me hace sentir insegura. Te agradezco por haberme... ayudado hoy. Y también por la flor del otro día. Te prometo que no me volverás a ver.
Y diciendo esto, salió velozmente de dentro del aquel vehículo, evitando cualquier respuesta que aquel sujeto le quisiese dar.
Sin mirar hacia atrás, trató de alejarse de allí lo más rápido que las piernas le permitían, al tiempo que sentía que sus problemas le respiraban en la nuca.
A los pocos metros pudo divisar su edificio, y recién entonces respiró profundo.
Bajó la velocidad de sus pasos y entró al lobby con el desgarbo que había aprendido a usar.
En el ascensor, la cabeza comenzó a darle vueltas. Empezó a despotricar en todas las direcciones, acusándose a sí misma de aquello.
Pero su eventual situación terminó despejándose cuando encontró a Johnny apoyado en la pared del pasillo, a la salida del elevador, dándole un tremendo susto.
Su cara no decía nada y lo decía todo a la vez.
Oh, estaba muy enojado.
No podía culparlo. Había salido a dar una vuelta, que por lo general siempre era de una media hora y terminó demorándose casi tres, además de que casi la descubren. Era normal su reacción.
Con un gesto sutil de su cabeza le indicó que avanzaran hacia dentro del apartamento. Ella obedeció sin rechistar.
Adentro, la calidez de la sensación de estar en casa se vio abordada por la densidad del ambiente que ella misma había generado.
Al escuchar el sonido de la puerta cerrándose, supo bien lo que se venía.
—Tinny.
Oh si, estaba muy enojado.
Ella volteó despacio, enfrentándose a un chico que tenía el ceño fruncido y unas gotas de sudor en el rostro. ¿Qué le iba a decir? Había traspasado los límites de la imprudencia.
Pero antes de que pudiera proferir frase alguna, él se acercó y la abrazó con fuerza, sin mediar palabra.
Aquello la descolocó en sobremanera, ya que se estaba preparando mentalmente para una reprimenda, no para un consuelo.
—Johnny...
—¡Tonta! ¿Cómo pudiste exponerte de esa forma? Oh Tinny, casi morí de la angustia cuando vi que no volvías.
Al decirlo, la soltó de paulatina.
—Lo siento Johnny. Tienes razón, fue mi culpa. Te prometo que no volverá a pasar.
Al decir aquello, Justine sintió como unas pequeñas lágrimas rodaron por sus mejillas. Johnny se acercó y volvió a abrazarla, esta vez más despacio.
—No podemos escondernos para siempre, Tinny. Tarde o temprano, algo va a pasar y tendremos que ver cómo afrontar aquello. Pero de momento, al menos de momento, hagamos todo lo que podamos para no perder esa invisibilidad.
Ella asintió. Johnny tenía razón cuanto decía. Ella había sido una imprudente y lo sabía. Esta vez había escapado y había salido todo bien, pero llegaría el momento en el que será así. Tendría que tomar medidas aún más drásticas.
Johnny la soltó y ella comenzó a alejarse en dirección al baño, luego de enjugarse las lágrimas. Necesitaba lavarse la cara para recobrarse un poco.
—Además, no me explico cómo es que terminaste en la grabación del MV.
—Me causó curiosidad y me acerqué a ver...
Justine enmudeció unos segundos, cuando cayó en la cuenta.
—Espera, ¿cómo sabes que estuve en ese set de grabación? — preguntó, volviéndose hacia su amigo que estaba apoyado en la encimera de la cocina.
Éste solo la miró, sin decir nada. Entonces ella entendió.
Yesung, maldito bocón.
Continuará

Muy bueno👏👏
ResponderBorrarExcelente cómo siempre ❤️😚
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