CAPITULO 11: BURBUJAS DE HIDRÓGENO | LINAJE OCULTO



—Das asco, Tinny.

Ella boqueó con insistencia, buscando un poco de aire.

—Cierra la boca. Lánzala de nuevo.

Johnny esbozó una sonrisa maliciosa mientras enviaba la pelota de basquet nueva en su dirección pero lo suficientemente lejos como para que ella tuviese que correr para evitar que aquella salga hacia la calle. Tinny lo miró con odio.

Su amigo se carcajeó mientras hacia un baile de burla. Ella se acercó corriendo hacia el centro de la cancha a toda velocidad, aprovechando la leve distracción del chico en aquel momento, con la finalidad de encestar. Pero los reflejos de Johnny, sumado a la longitud de sus brazos, hicieron que sus planes se frustraran, para dar comienzo a una batalla desenfrenada por la tenencia del balón. 

Ella se dobló el tobillo y aquello puso fin a la disputa.

—Te lo dije: das asco en el basquet — dijo Johnny, mofándose de ella. 

Tinny le lanzó el buzo de algodón que acababa de sacarse. Pero lejos de molestarse, se rió.

Era obvio que ella no era buena en el basquetball, pero aún así lo intentaba. Además, su baja estatura, sumado a la técnica de principiante que aun tenía, hacían que ella no sea rival para Johnny. Pero eso a ella no le importaba. Ella sólo quería jugar, como lo hubiese hecho de no haber estado atrapada en aquella jaula de oro. 

Johnny le dijo algo más, de manera burlona, pero ella no alcanzó a escucharlo. Había comenzado a pensar en lo distinta que era su vida. 

Hacía apenas unos tres meses atrás que se había escapado de su yugo familiar en Japón, y ahora estaba allí, en compañía de aquel idiota al que quería como a un hermano, jugando hasta cansarse, y hasta con un pequeño trabajo a medio tiempo y terapia. 

En sus veinticinco años, jamás se había sentido tan bien, sobre todo si rememoraba sus últimos catorce años.

Johnny le ofreció una bebida de electrolitos y ella la tomó, agradecida.

—Creo que es la primera vez que me siento feliz. 

Su amigo se detuvo, con su buzo a medio poner, al oír aquellas palabras. La observó por un momento.

Tinny no lo estaba mirando. Sus ojos estaban perdidos en algún lugar del cielo, que a esas alturas ya estaba completamente oscurecido. 

—Yo también. 

Ella no dijo nada, pero era evidente que sus palabras lo habían tomado por sorpresa. Un grupo de chicos llegó entonces, y ellos entendieron que era momento de irse de allí. 

Hacia varios días que Johnny estaba en casa. Había pedido unas vacaciones y, por suerte, se las habían concedido. Aquello hizo que los momentos que compartían se volviesen, aunque sea por unos cuantos días, más largos e íntimos. Su trabajo de medio tiempo, que consistía en ayudar en la cocina de una pequeña pero concurrida cafetería del barrio de Itaewon, le permitía tener aquellas prácticas deportivas por la tarde, las cuales terminaban siempre con una buena pizza.

Johnny sacó una lata de refresco de cola de una de las máquinas expendedoras de la calle. La abrió y, luego de dar un sorbo, se la ofreció a Tinny, que aguardaba a su lado. Ella dio un pequeño sorbo pero pronto comenzó a toser. 

—No puedo creer que aún no te acostumbras al gas de este tipo de bebidas. — dijo su amigo, en el mismo tono burlón de hacía unos momentos. 

Ella le dedicó una mirada filosa, para luego dar otro sorbo. 

—No son burbujas de hidrógeno. 

Johnny rió ante aquella respuesta. 

—Aún no comprendo del todo tu fascinación por las burbujas de hidrógeno. ¿Desde cuando te gusta tanto la química?

—Yo tampoco era consciente de ello hasta que descubrí ese podcast en Youtube. 

—¿Y qué me dices de las burbujas de hidrógeno?

Ella esbozó una radiante sonrisa. 

A Tinny le gustaba pensar en su vida actual como una burbuja. Pero no una burbuja simple, de aquellas que se forman por jabón y agua, sino una en cuyo interior habitaba el hidrógeno y que, en cualquier momento y ante el más mínimo indicio de oxígeno, explotaría. Pero, de no haber tal alteración química, se mantenía estable. 

Sonrió ante aquello. No porque la idea de ser descubierta le haga especialmente feliz, sino por la analogía en sí misma. Una burbuja de hidrógeno era exactamente lo que ella era. 

Las burbujas de hidrógeno habían estado presente en los inicios del propio universo, son altamente inflamables y peligrosas. 

—Para mi son uno de los fenómenos más fascinantes de la química y de la física.

El frio era bastante notorio a esas alturas del año. 

Aún estaban en octubre, pero la baja temperatura propia del otoño y la humedad hacían de Seúl una ciudad mucho más fria de la que las aplicaciones dictaban. 

Habían quedado apenas con una sudadera mientras jugaban, debido al calor del ejercicio físico, pero una vez quietos, la brisa apenas perceptible hacía calar hasta la médula.

Caminaban apurados, muy juntos, buscando casi inconscientemente el calor del otro, al menos hasta llegar al edificio de departamentos.

Tinny se distrajo observando el cielo. Estaba despejado y muy de tanto en tanto podía divisar alguna que otra estrella titilante. El vaho que salía de su respiración, unido a sus manos frías le hacían pensar en que Seúl era de aquellas ciudades en las que las estaciones no están delimitadas: o hace frío o hace calor. Las estaciones de transición básicamente no existían. 

Cuando volteó para compartir aquel pensamiento con su amigo, se percató de que estaba caminando sola. 

Asustada, volteó hacia ambos lados buscándolo con la mirada, encontrándolo al fin varios metros más atrás. Estaba ensimismado, hablando por teléfono. 

Tinny regresó sobre sus pasos, esperándolo a un espacio prudente. 

Siempre lo hacía. Para ella era muy importante el espacio personal y, cuando de Johnny se trataba, intentaba no meterse en sus asuntos. 

Al cabo de unos minutos, su amigo regresó, pero su expresión distaba mucho de la jovialidad de hace unos momentos; más bien mostraba irritación. De hecho, el ambiente que hasta hacía poco era cálido y acogedor, se había tornado en algo un poco más frío. 

Ella, debido a su principio de no inmiscuirse en su vida, permaneció en silencio, observando desde la distancia. Pero había algo en su rostro que le impulsaba a preguntar qué había pasado. Estaban a punto de llegar a su domicilio, por lo que prefirió mantenerse al margen de la situación. Si acaso le preguntase, lo haría una vez que estén bajo el techo de su apartamento, al amparo del frío y de las miradas indiscretas.

Al llegar al hall del edificio, la figura de un hombre, alto y ataviado con un sobretodo de color beige salió desde el interior, cruzándolos en el momento.

En aquel momento, Tinny sintió como el vello de la espalda se le erizaba y el estómago le daba un vuelco. Miró con angustia a Johnny, pero este no parecía haber reparado en aquel sujeto, mientras que éste los observó a ambos, deteniéndose y centrándose en Tinny por una fracción de segundos. Luego de eso, se alejó a paso rítmico hacia un automóvil que se hallaba con las balizas encendidas, cruzando la calle. 

Todos los buenos sentimientos que había tenido hasta el momento se habían desvanecido en cuestión de segundos. 

Johnny seguía en su mundo, caminando unos pasos más adelantado que ella. Tinny, comenzó a tener la sensación de que su pequeña burbuja comenzaba a romperse. 

Una vez dentro del hall, se detuvo temblando, incapacitada por el terror. 

Hacía mucho tiempo que no veía al duque de Birmingham.

El duque de Birmingham era, en su mundo, la representación humana del oxígeno. 


Continuará.


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