CAPÍTULO 12: REALIDADES DIFUSAS | LINAJE OCULTO
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CAPÍTULO 12: REALIDADES DIFUSAS
Sentía las manos frías.
De la cocina le llegaba el vago sonido de la cafetera. Afuera, el frío comenzaba a condensarse al ras del suelo, formando una densa niebla. Desde la ventana de la habitación podía divisarlo con claridad, al igual que las siluetas diminutas de los transeúntes, acompañados por las luces de los vehículos que se movían a velocidades normales.
Todo parecía estar en su sitio.
El olor intenso a café le inundó las fosas nasales. Johnny se escuchaba deambular por la sala; parecía intranquilo. Ella, por otro lado, no lograba discernir cómo estaba.
Le costaba entender lo que había ocurrido unos momentos atrás.
Había en toda aquella sucesión de hechos algo que no terminaba de encajar. Y lo peor de todo es que no podía darse cuenta de qué era.
El ambiente que los envolvía ya era extraño, incluso desde antes de que ella viese al duque.
Ya había notado aquella peculiar forma de abstracción en su amigo, sobre todo cuando se trataba de trabajo, por lo que había decidido no intervenir.
Pero, ¿acaso era lo suficientemente fuerte como para no haber notado la presencia del hombre del cual ella se había empeñado en huir?
Y por otro lado estaba la pregunta: ¿era realmente el duque de Birminham?
Podría pensar en que se trataba de una coincidencia. Pero, muy a su pesar, se encontraba en un país donde esa clase de rostro era muy difícil de hallar. Además, ella conocía demasiado bien aquellas facciones como para no reconocerlo.
Y también estaba la otra pregunta: ¿se había dado cuenta de que ella era ella en realidad?
Si quería ser honesta consigo misma, tenía que aceptar que aquel disfraz podía pasar para la gente de Corea, pero no para las de Reino Unido. Su rostro había sido muy público, y aunque ahora mantenga un cabello corto y teñido, y ojos color noche, las facciones finas y el andar la podían delatar con demasiada facilidad.
Sintió un pequeño golpe en sus manos, que permanecían unidas y reposadas en su regazo. Al mirar pudo ver una taza de aquel café, caliente y denso.
—Hasta que por fin estás de vuelta. Eres la reina de las abstraídas.
Tinny rodó los ojos, casi con rabia.
—No tienes derecho a decirme eso. — espetó mientras le quitaba la taza humeante de las manos.
Johnny la observó, con el rostro perplejo. Ella suspiró.
—Tú también estabas más abstraído de lo normal.
—Eso no es cierto.
Esa negación le provocó un arranque de ira.
—¡Claro que sí! ¡Venías tan metido en tus pensamientos que...
—Hey pero ¿por qué gritas? — intentó interrumpir el momentáneo descargo de Tinny.
Ella calló de golpe.
Era obvio que Johnny no había visto nada. Además, ella estaba descargando su frustración y miedo en él, lo cual no era justo.
Lo miró, sin decir nada, y luego miró hacia el piso. Sentía como poco a poco, los signos del ataque de ira se iban desvaneciendo, dando lugar a algo mucho más complicado y aterrador.
—Tinny.
—Lo siento.
La voz había perdido su tono amenazante, convirtiéndose en apenas un susurro audible.
—Tinny, ¿qué está pasando?
Cuando levantó la vista, se encontró con el rostro desconcertado de su amigo, que la miraba con preocupación.
¿Qué estaba pasando?
Ni siquiera ella lo sabía. Acababa de encontrarse con su peor enemigo. Habían descubierto su guarida y su futuro estaba casi decidido.
La sangre le huyó del rostro en cuanto aquello tuvo lugar en su cabeza. No podía decir cómo se sentía en esos momentos. Estaba como fuera de si.
La mano cálida de su amigo la tomó suavemente de la muñeca.
La pregunta era: ¿Qué debía hacer? Podía contarle a Johnny y ver como salvar aquella situación. O podía guardar silencio. Pero si lo hacía, ¿cuáles serían las consecuencias?
—Tinny, habla por Dios.
Ella observó la taza de café entre sus manos.
No había mucho que pudiese hacer. Se sorprendía lo tranquila que se encontraba, a pesar de lo que significaba lo que había sucedido. Pero algo le decía que aquella tranquilidad se rompería en cualquier momento.
No podía seguir con eso.
Volvió su mirada hacia Johnny, que aguardaba con cierta expectación y ansiedad.
— Johnny, he visto al duque de Birmingham, saliendo de este edificio.
El semblante del chico cambió, pasando de la incertidumbre a una profunda preocupación. Ella lo entendía, era de esperarse.
—Johnny, no sé cómo es que pasó, pero tu estabas tan en tu mundo que te cruzaste con él y no te diste cuenta, pero él si me vio y creo que si me reconoció. De verdad, lo siento, lo siento tanto Johnny...
En aquel momento sintió cómo las lágrimas comenzaron a rodar por su rostro, bañando sus mejillas. El chico, que hasta entonces estaba estático, se acercó con rapidez y la abrazó con fuerzas.
Trató de calmarla, acariciando su pelo de manera tranquila.
A Tinny aquello le causó cierta extrañeza. No era la reacción que había esperado en Johnny. Pero cuando estuvo a punto de preguntar, él comenzó a hablar.
—Tinny, trata de calmarte. Dame ese café, te traeré un vaso de leche caliente.
—Pero John...
—Tranquila.
Y diciendo esto, se alejó hacia la cocina su taza de café.
Ella no sabía qué pensar ni cómo reaccionar. Se había preparado para un escándalo por parte de su amigo, pero se encontró con alguien que se manejaba con tranquilidad y simpleza.
Johnny entró entonces con una taza de leche caliente y se la entregó. Al sentir el aroma, pudo saber que le había puesto miel.
Pero lejos de calmarla, aquello la puso aún más intranquila.
—Tinny, saldré unos momentos. Por favor no hagas nada hasta que yo vuelva, ¿si?
Ella, que poco podía hacer y que tanto tenía para preguntar y decir, optó por asentir con debilidad.
Algo no cuadraba y ella lo sabía perfectamente, aunque no pudiera decir qué. Era como si la realidad de pronto se distorsionara, y la línea entre esta y la fantasía se desdibujara un poco.
Se levantó del sillón emplazado cerca de la ventana y comenzó a caminar de manera errante por la habitación, en primer lugar, y luego por el resto del apartamento. Apenas presente, su cabeza era un torbellino de ideas, imágenes y suposiciones que no tenían ni pies ni cabeza pero que, lentamente estaban comenzando a ahogarla.
Tratando de reunir todo y de manera cronológica, buscaba indicios que le hubieran dicho, quizas meses atrás, de que había sido encontrada por la familia del duque, pero solo conseguía desorientarse cada vez más y, por lo consiguiente, agotarse.
Comenzó a sentir aquella falta de aire, tan característica en una crisis de ansiedad, y de la cual había comenzado a olvidarse. Tratando de calmarse, buscó cualquier cosa en la cual centrar su atención, paseando su vista por la estancia de la sala, que a esas alturas estaba apenas iluminada por la tenue luz debajo del mueble de la cocina. La taza de leche que aún tenía en sus manos se había enfriado un poco, por lo que se acercó hasta el microondas para volver a calentarla.
Apenas era consciente de lo que estaba haciendo.
Un sonido de campanillas le llegó desde algún punto, pero ella no era capaz de discernir desde donde.
Al lado de la cafetera, divisó entonces, el teléfono móvil de Johnny, de donde provenían aquellas notas apenas audibles.
Se extrañó, ya que su amigo no solía salir sin él. Acercándose un poco dubitativa, lo tomó ya que se percató de que alguien lo llamaba pero, al levantarlo, dicha llamada cesó. Al mirar la pantalla, vio que se trataba de un número desconocido. Cuando estaba a punto de devolver el pequeño artefacto a su lugar, este comenzó a sonar otra vez.
Sin dudarlo, contestó.
Pero al hacerlo la abrumó el pensamiento de que pudiese ser una llamada del duque, lo cual le produjo una nueva oleada de pánico y ansiedad.
Pero desde el otro lado, cuando una voz masculina, muy distinta a la del duque, pronunció su nombre, casi de manera entrecortada, hizo que suspirara de manera aliviada.
—¿Qué haces con el teléfono de John?
—Salió de casa sin él.
Escuchó un leve suspiro desde el otro lado del auricular, y le habría gustado ver su cara de hastío. Sonrió un poco.
Entonces pudo sentir el andar lento de su amigo, regresando.
—Johnny está por llegar, si quieres puedes esperar... — se apresuró en decir.
—Justine, ¿me aceptarías una invitación? — preguntó Yesung, con voz pausada.
Tinny se quedó en silencio.
Afuera, los pasos de Johnny se escuchaban cada vez más cerca.
El microondas emitió su característico pitido.
¿Qué?
Continuará.
♥


Una invitación de Yesung?? Qué será... 😏
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